miércoles, 29 de abril de 2015

Desfile a la alegría


Las 4:30 marcaba el reloj en el bello puerto de Mazatlán Sinaloa, cuando el desfile a la alegría comenzó. Miles de personas esperaban ansiosas las comparsas y carros alegóricos que forman parte de esta magna tradición.
Llegando al lugar, pude sentir el espíritu de fiesta que caracteriza a nuestro hermoso carnaval, la sonrisa en las personas, sus gritos como “himnos a la alegría”, niños jugando con el confeti, la música de los carros alegóricos, todo ello dando ese toque especial que no puede faltar en esta “fiesta del pueblo”.
A las 4:35 comenzaron a salir, del monumento al pescador, los primeros carros de propaganda de los diferentes patrocinadores que hacen posible tal evento, todos ellos con música de moda, haciendo estremecerse a todos esos cuerpos que esculturales lucían con sus diferentes y vistosas vestimentas, que dejaron boquiabierto a más de algún hombre en compañía de sus damas.
Posteriormente ascendí al carro alegórico en el cual desfilaría, emocionado por ser mi primer desfile, pero al mismo tiempo nervioso. Mis compañeros igualmente emocionados esperando la hora en que tendríamos que partir y mostrarles nuestra mejor sonrisa y pasos de baile a “nuestra gente”. La hora al fin llegó y el reloj marcaba las 5:35 p.m. cuando sentimos el primer cohete que fue lanzado al cielo, el cual explotó iluminando el cielo mazatleco pareciendo gritar “el momento ha llegado”. Juntos nos estremecimos al escucharlo y los nervios no se hicieron esperar, el corazón latía a “mil por hora” y la sonrisa nerviosa salía como sol por la mañana.
Al sentir el primer impulso del motor, nos acomodamos en nuestros lugares, sujetándonos de nuestras bases de acero, preparando las bolsas con confeti para bañar a quienes gustosos esperaban el desfile desde muchas horas antes.
Era increíble ver como las personas se abalanzaban sobre la cuerda que sirve de guía para la seguridad de las personas, queriendo estar lo más cerca posible “de la fiesta”, sus rostros enardecidos de emoción eran algo completamente nuevo para mí. Sedientos de pasar un rato agradable, gritaban, reían, conversaban, comían, bebían, tomaban fotografías, videos, lanzaban espuma, un sinfín de elementos que me hicieron pasar una de las noches más maravillosas en mi vida.
A gritos pedían que yo junto a mis compañeros bailáramos, gritos de felicidad, y nosotros mostrando nuestros mejores pasos, hacíamos que la gente aplaudiera y se emocionara junto con nosotros. Todos los asistentes en compañía de sus seres más apreciados disfrutaban sin duda alguna el desfile.
Las horas pasaban una tras otra y para mi eran minutos, no sentía que el tiempo tuviera efecto sobre mí. Me envolví tanto en el espíritu del carnaval, y lo disfruté tanto que fue un vacío en el tiempo el cual me encantaría volver a vivir. Conforme avanzaba el desfile era imposible no sentir un poco de cansancio, pero me percataba de que aún faltaba mucho camino que recorrer, por lo cual seguía disfrutando y tratar de no pensar en la meta.
Mis compañeros sedientos, bebían botellas y botellas de agua, los cuales parecían salirse inmediatamente a través de su sudor.
Personas de todas las nacionalidades disfrutaban por igual, en esta fiesta que no discrimina origen ni estatus social. Todos hablan el mismo lenguaje, el lenguaje de la diversión y la alegría.
Después de un largo tiempo, al fin visualizamos la meta de nuestro recorrido, agotados, sudorosos, pero muy satisfechos por haber formado parte de esta gran tradición. Las personas de los carros alegóricos comenzaban a descender para dirigirse con sus familiares y amigos que los esperaban. De igual manera, mis compañeros y yo dejamos nuestros lugares. Una de ellas me preguntó la hora, a lo cual yo respondí “tal vez sean las 7:00 pm.” A lo que ella contestó que no pensaba que fuera tan temprano, revisando mi celular, este marcaba las 9:47 de la noche. Causando asombro en todos cómo era posible que pasara tanto tiempo en lo que nos otros fue un abrir y cerrar de ojos. Esta fue una noche que jamás olvidaré.


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