Las 4:30 marcaba el reloj en
el bello puerto de Mazatlán Sinaloa, cuando el desfile a la alegría comenzó.
Miles de personas esperaban ansiosas las comparsas y carros alegóricos que
forman parte de esta magna tradición.
Llegando al lugar, pude
sentir el espíritu de fiesta que caracteriza a nuestro hermoso carnaval, la
sonrisa en las personas, sus gritos como “himnos a la alegría”, niños jugando
con el confeti, la música de los carros alegóricos, todo ello dando ese toque
especial que no puede faltar en esta “fiesta del pueblo”.
A las 4:35 comenzaron a
salir, del monumento al pescador, los primeros carros de propaganda de los
diferentes patrocinadores que hacen posible tal evento, todos ellos con música
de moda, haciendo estremecerse a todos esos cuerpos que esculturales lucían con
sus diferentes y vistosas vestimentas, que dejaron boquiabierto a más de algún
hombre en compañía de sus damas.
Posteriormente ascendí al
carro alegórico en el cual desfilaría, emocionado por ser mi primer desfile,
pero al mismo tiempo nervioso. Mis compañeros igualmente emocionados esperando
la hora en que tendríamos que partir y mostrarles nuestra mejor sonrisa y pasos
de baile a “nuestra gente”. La hora al fin llegó y el reloj marcaba las 5:35 p.m.
cuando sentimos el primer cohete que fue lanzado al cielo, el cual explotó
iluminando el cielo mazatleco pareciendo gritar “el momento ha llegado”. Juntos
nos estremecimos al escucharlo y los nervios no se hicieron esperar, el corazón
latía a “mil por hora” y la sonrisa nerviosa salía como sol por la mañana.
Al sentir el primer impulso
del motor, nos acomodamos en nuestros lugares, sujetándonos de nuestras bases
de acero, preparando las bolsas con confeti para bañar a quienes gustosos
esperaban el desfile desde muchas horas antes.
Era increíble ver como las
personas se abalanzaban sobre la cuerda que sirve de guía para la seguridad de
las personas, queriendo estar lo más cerca posible “de la fiesta”, sus rostros
enardecidos de emoción eran algo completamente nuevo para mí. Sedientos de
pasar un rato agradable, gritaban, reían, conversaban, comían, bebían, tomaban
fotografías, videos, lanzaban espuma, un sinfín de elementos que me hicieron
pasar una de las noches más maravillosas en mi vida.
A gritos pedían que yo junto
a mis compañeros bailáramos, gritos de felicidad, y nosotros mostrando nuestros
mejores pasos, hacíamos que la gente aplaudiera y se emocionara junto con
nosotros. Todos los asistentes en compañía de sus seres más apreciados
disfrutaban sin duda alguna el desfile.
Las horas pasaban una tras
otra y para mi eran minutos, no sentía que el tiempo tuviera efecto sobre mí.
Me envolví tanto en el espíritu del carnaval, y lo disfruté tanto que fue un
vacío en el tiempo el cual me encantaría volver a vivir. Conforme avanzaba el
desfile era imposible no sentir un poco de cansancio, pero me percataba de que
aún faltaba mucho camino que recorrer, por lo cual seguía disfrutando y tratar
de no pensar en la meta.
Mis compañeros sedientos,
bebían botellas y botellas de agua, los cuales parecían salirse inmediatamente
a través de su sudor.
Personas de todas las
nacionalidades disfrutaban por igual, en esta fiesta que no discrimina origen
ni estatus social. Todos hablan el mismo lenguaje, el lenguaje de la diversión
y la alegría.
Después de un largo tiempo,
al fin visualizamos la meta de nuestro recorrido, agotados, sudorosos, pero muy
satisfechos por haber formado parte de esta gran tradición. Las personas de los
carros alegóricos comenzaban a descender para dirigirse con sus familiares y
amigos que los esperaban. De igual manera, mis compañeros y yo dejamos nuestros
lugares. Una de ellas me preguntó la hora, a lo cual yo respondí “tal vez sean
las 7:00 pm.” A lo que ella contestó que no pensaba que fuera tan temprano,
revisando mi celular, este marcaba las 9:47 de la noche. Causando asombro en
todos cómo era posible que pasara tanto tiempo en lo que nos otros fue un abrir
y cerrar de ojos. Esta fue una noche que jamás olvidaré.






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